martes, 16 de diciembre de 2008

El jinete

Como hoy han pasado muchos dias ya. El tiempo transcurre como el aire a través de los árboles que van y vienen de un lado a otro, allá, en el exterior. Sin embargo éste no queda impregnado en aquellos tanto así como no queda impreso en mi ser.

Es preocupante el no encontrar la forma en que las palabras salgan de mi ser, es... como una suerte de cárcel que aprisiona mis sentidos. El crear, no, mas bien, el sentir, es uno de mis pilares como persona y como ser pensante que pretende entender un poco este pequeño gran universo. En si, no sentir es asfixiante. Comparado con la sensacion de estar apresado en un cuarto oscuro con mil demonios que atormentan mi tranquilidad como verdugos de celda. Que horror, que trágico y que patética es esta existencia.

Así, este texto se posiciona en el nivel de una extraña clase de auto queja, una llamada de atención que me hago a mi mismo sobre las cosas que he hecho. Esas cosas que perturban los sentidos del ser y que distraen al cuidador, dejando a la bestia libre de hacer lo que desee. Realmente no entiendo porque he escrito esto, simplemente me deje llevar. Es todo y, a la vez, es nada. Un mero capricho, un intento de bosquejo de lo que ocurre en mi mente y, principalmente, en mis sentidos.

Quizas es sólo el efecto de Mozart, qué bella música. Sin duda alguna, todo un placer escucharlo, encerrado. Pensándolo bien, tengo el momento que deseo y hace rato ya que mis verdugos se han marchado (o he aprendido a ingorarlos, al menos, por esta noche).

Lo cierto es que, también, soy mi propio verdugo y sentenciado. Lo soy cuando el caos monta al frente, mi caballo, el mas rápido. Conduciéndolo a través de terrenos insospechados e ignorando cualquier orden que le hago. Sin embargo vuelve, siempre vuelve, es, también, el más fiel. Me encanta perderme en esos lugares ignotos, siempre son una fuente de experiencias múltiples que he de recordar el resto de mi vida. Pero contraen, a la vez, las serias lesiones que han de afectar a todo ser que pretende encajar en un sistema cerrado y, en cierta forma, aprisionador.

En fin, les dejo la metáfora. Saludos a mis excasos lectores, me sumo a mi club de admiradores. Ya conformamos la magnífica lista de un miembro oficial.

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