martes, 5 de mayo de 2009

Divagando, pero ahora en el DF.

Siempre he pensado que soy un adicto al tiempo, que me enrollo en cosas vuelcan mi tiempo sobre experiencias efímeras y sin sentido. Quizá muchas veces ha sido así. Hoy en día las cosas van marchando muy bien en mi vida, algunas opciones se abren y me encantaría brindarme la oportunidad de experimentar cosas que me hagan sentir más vivo. El temor existe, como en toda nueva empresa que pretendemos desempeñar, la incertidumbre. Una maldita que no me cae muy bien.

Sin embargo el tiempo sigue fluyendo, las condiciones iniciales fueron favorables (ironía de físicos). Me gustaría ser mas explicito y evitar enrolarme en una redacción tan escabrosa, pero éste no es mi estilo (puedo ser terriblemente metafórico). Han de intuir que me gusta complejidad de las cosas aunque, a su vez, la determinabilidad de éstas. Es como los engranajes de una máquina, a priori, estos parecen que libran una batalla al caos pero pronto se ve una suerte de normalización.

Ya estoy divagando de nuevo, continuo de paso por decir que estoy a punto de terminar el curso propedéutico en la escuela. Mi desempeño fue satisfactorio hasta el ahora (sí, dije hasta el ahora) pero queda el momento decisivo por definir. Aquél donde se determinará el curso de mi existencia los próximos tres años. Estoy pensando en las cosas que haría y con quienes me encantaría compartir, en particular con quién. He de confezar, de entrada, que soy un romántico empedernido, con mis costumbres de antaño y mis ideas un tanto locas.

También me tocó vivir todo este alboroto por la epidemia, claro que aún estamos en "riesgo". Para mi no fue simplemente una suerte de arresto domiciliar pues me dió la oportunidad de conocer a alguien. Bastante peculiar debo admitir y con quien pase muy buenos momentos durante mi sentencia. Ayudó a que el tiempo pasara mas rápido y la soledad inherente a un enclaustramiento colectivo, por la maldita demagogia de los poderosos, se volviera mas soportable. Ahora queda dar el siguiente paso y siento... ¿qué siento? Una oportunidad, eso es lo que perciben mis sentidos y a la vez un riesgo, esto último es lo que en otras ocasiones me volvía loco... el riesgo x, el riesgo y, el riesgo z, las variables son complejas (y no matemáticamente hablando) los calculos son imposibles e inimaginable es pronosticar el resultado final dadas las condiciones iniciales. Oh ¡qué terror! (Para un secuaz del determinismo científico.)

Bueno, en general ¿qué haré? No lo sé, ¿qué sucederá? Mucho menos, ahora estoy determinado a ser como una hoja al viento. Sólo espero que éste me lleve a los rincones de la existencia y me encuentre conmigo mismo, vivo.

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