lunes, 13 de octubre de 2008

Un intento

Pues acá estamos de vuelta y me alegro mucho en esta ocasión de encontrar comentarios del compa Alexei. Falta no hace dercir que, desde luego, seguiré intentando no dejar en el olvido este sitio. Con dicha meta en mente heme ahora entregandoles este otro intento de estracto.

Anoche vi ciertas cosas desde otra perspectiva, absorto en mis dialogos internos con dos personas mas, un tipo que se hace pasar por mi gemelo, quien cree controlar mi vida y, el otro, un viejo conocido de Alexei, el señor Alejandro Jodorowsky (autor de la obra La sabiduria de los chistes). Conversabamos sobre uno de tantos papeles que jugamos en este mundo de cambiantes facetas.

Una de las conclusiones de la charla inconclusa que mantuvimos fué lo siguiente. Pensar es desaprender todo lo adquirido en nuestros años infantiles, un aforismo, es actuar en contra de aquello que los nuestros nos inculcaron, ser un sujeto nuevo a partir de nuestras propias conclusiones para así influir en la vida de aquellos que vendran y quienes, a su vez, desaprenderan lo que aprendieron de nosotros. Es el ciclo eterno de vivir la vida en vida de uno mismo, sin detenerse a preguntar si la vida de los demas tiene sentido o algún fín practico, es irrelevante. Es así como surgieron, también, las siguientes lineas, mi intento de algo o nada.


Somos como el viento que corre,
el cual mueve las hojas de los arboles,
el cual impregna de esencia lo que toca,
mientras fluye, mientras corre.

Somos como la canción de un compositor omnipotente,
inexistente, tan irreal como la esencia misma de las notas,
pero presente en su efecto.

Somos como el arbol que se mueve ante el vaivén,
el vaivén que esas notas producen al propagarse,
en el éter, el cual a su vez es inexistente.

Somos un mundo atrincherado entre dos guerras,
la del ser terrenal y la del ser supraterreno,
avanzando en la comprensión y descomprendiendo.

Somos como este texto, surgiendo de las palabras,
desordenadas en primera instancia pero sujetas
a un orden superior que incita a mis manos a moverse.

Somos un lío, un caos, un alboroto en un instante,
una algarabia, un ave, un gato, un perro, un arbol
un rio, el vasto cielo, ... una roca.

Sin embargo, hasta de una roca se aprende,
ésta no se mueve como el arbol,
inmutable se mantiene en su sitio.

Modifica su forma con el flujo de viento,
con el paso de los años, desaprendiendose,
olvidandose y dejando un poco de si correr,
en el flujo eterno del viento mismo.

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